04 febrero 2011

Indochine

Pues con esto de la semana bcnow y tal, uno puede probar esos restaurantes que normalmente no se atrevería, ya que ofrecen menús de oferta. En esta ocasión el escogido fue el Indochine de la calle Muntaner.
Y creo lo que más se paga del restaurante es su ambientación, casi te tienes que sentar a ras de suelo, pero no es el suelo lo que te rodea, si no un estanque lleno de carpas, por todos lados, y acostumbradas a comer lo que otros no comen, y palmeras, y tal, todo muy tropical.

El menú de oferta era cerrado, poca elección se podía hacer, y tampoco es que fuese nada espectacular, de aperitivo: '1 saquito (carne con langostinos picados y hierbas aromáticas envuelto con una pasta crujiente)', es decir, un langostino rebozado, y una albóndiga rebozada.

El entrante 'Tallarines al estilo Indochine', pues otra gamba por ahí, soja, y un plato gigante, para unos poquitos tallarines, que no tenían ningún sabor peculiar o espectacular, unos tallarines normalitos, que en cualquier chino te doblan la cantidad. Otra cosa será la calidad de los ingredientes, ahí ya no entro.

La alternativa de entrante era 'Lasaña de arroz asiática con mar y montaña', que no estaba tampoco mal, según dijeron, pero tampoco en cantidad excesiva.

El segundo 'Ternera aromatizada con citronelle y hojas de citrico', tres pequeños trocitos de ternera que estaban bien condimentados, eso si,.

Y de guarnición 'Arroz frito con cilantro y albahaca Thai', a compartir, un poco picante, tampoco estaba malo, el arroz en su punto, y el arroz omnipresente en todos los platos, o casi.

La alternativa de segundo era 'Pollo macerado con galanga, jengibre y cúrcumas', que dijeron no estaba malo, pero tampoco espectacular.

Y de postre 'Arroz negro con crema de coco y sésamos tostados', postre tradicional tailandés, que si que valía la pena, por el sabor original que tenía, con ese arroz negro natural, al ser germen, el coco y el sésamo, una curiosa combinación de sabores.

Demasiado poco para el precio, al llegar a casa cayó un yogur para rellenar. Y demasiado poco espectacular para hacer publicidad del local, el fin último e esta promoción, por que es de suponer que en la carta deben haber cosas más espectaculares, o no se entienden los precios de la misma.

Como nota, lo acompañamos con un costers del Segre, un Cérvoles, que estaba rico y nada barato, pero todo tiene un precio. La compañía impagable eso sí, aunque las críticas literarias parecen no son bienvenidas :P

5 comentarios:

Anna dijo...

No n'hi havia per tant, no...S'esperava alguna cosa més (li podíem haver dit al propietari, que estava a la porta)
I això de sentir-te observat mentres sopes per carpes mutants és curiós.
La lassanya d'arròs estava molt bona, això si. I les postres també...

I quan vaig arribar a casa va caure un Albarn (yumyum)

I fer crítiques literàries d'un llibre que no s'ha llegit ...
Para (malos) gustos, colores :-P

el bandero dijo...

Como se cuida el señor!!!!

Un abrazo!

Bororo dijo...

D'acord amb Anna...Tot i que la seva versió de la narrativa curta contemporànea fa que hi hagués una sensació de padovan a la taula, haig de dir que el seu gust gastronòmic i el meu son força semblants. :)

Y la impresión general similar a la del bloguero.


Això doncs, sense que això serveixi de cap precedent, aquesta vegada, l'Anna l'encerta de ple. "S'esperava alguna cosa més". Amen.

Anna dijo...

No pateixi estimat Bororo que el concepte m'ha quedat clar. Em limitaré a recomanar-li restaurants. Res de lectures :-P

Marta dijo...

Jajajaja, pobreta Anna... les seves recomanacions literàries no van ser massa exitoses, no... :p

Més especial el lloc que el que donaven al plat, indeed. Una d'aquelles coses que fetes un cop a la vida, ara a provar-ne una altra